viernes, 25 de febrero de 2011

¿POR QUÉ LOS MAESTROS NO SON LECTORES Y ESCRITORES DE LITERATURA?


El maestro asume la enseñanza de la literatura como una parte más de su desempeño y de su labor docente, no la vive como una experiencia propia y es por esta razón que se le dificulta proyectarla a otros; el maestro no ve en la literatura la posibilidad de crear espacios para la lectura y la escritura de diversos mundos que deben ser mediados por la imaginación.
Es así como el maestro en su afán por cumplir con los requisitos del plan de estudios les exige a los estudiantes textos sin sentido; textos que encuentra en los libros que sirven como material de trabajo pero que en la realidad no ha leído y no ha comprendido en esencia. Los maestros “no están preparados para transmitir a los jóvenes lo que ellos mismos no tienen” (Machado, Ana María, p.8), de ahí que para tratar de convencerlos de una lectura que no ha sido realizada de manera responsable; en su mayoría éstos recurren a resúmenes y fichas de texto que encuentran en diversas fuentes para poder calificar los informes de lectura y de escritura de los estudiantes. Por eso se ve la lectura y la escritura de textos como una actividad más de clase en la que todo está marcado por la imposición.

La literatura vista de esta forma es imposible que llegue a los estudiantes dado que el maestro no tiene la magia para llegar y tocar su sensibilidad; ya que asumen la lectura y la escritura como partes obligatorias del área de lenguaje y no como una posibilidad  para leerse y escribirse. 
De ahí que cada que un maestro es llevado a una capacitación sobre lenguaje siempre busque responder a ciertos interrogantes ¿Cómo hacer para que el niño y el joven de hoy lean?  ¿Cuáles son las estrategias metodológicas que debe utilizar un maestro para lograr que los estudiantes asuman la lectura de manera responsable?; interrogantes que sólo pueden responder en la medida que asuman la lectura y la escritura de literatura como una opción de vida que trascienda su ser y lo más importante que pueda coordinarla con la escuela dado que muchas veces el mundo escolar no encuentra relación con la cotidianidad del maestro, es a través del ejemplo como nos lo dice Ana María Machado que el niño lee. 
El maestro no enseña con el ejemplo y por esta razón los estudiantes no  sienten pasión por la lectura y  la escritura ya que sólo evidencian un discurso donde plantean la utilidad de la lectura para la escuela y para la vida pero no se le da una verdadera trascendencia que provoque el encuentro con la literatura. 

El maestro debe ser entonces testimonio y dar cuenta de su saber a partir de la palabra porque es en el discurso que llega al estudiante y logra establecer verdaderas relaciones con el conocimiento; un conocimiento que debe permitirle a ambos hacer parte de la lectura y la escritura del mundo para responder creativamente  a sus interrogantes y lo más importante aún lograr que puedan encontrarse a sí mismos y proyectarse a otros  a través de la estética del lenguaje.
Para que el maestro sea testimonio de vida, se constituya en ejemplo para sus estudiantes, es necesario que comprenda que el concepto de literatura va más allá de un libro, que es el encuentro con la estética de la palabra, que es el placer de leer “el de pensar, descifrar, argumentar, razonar, disentir, unir y confrontar, en fin, ideas diversas” (Machado, Ana María p.13)  
De ahí que la invitación al maestro es que promueva en sus estudiantes el encuentro con la literatura y con ella la lectura y la escritura de textos a partir del sentido…es la posibilidad de leer otros mundos…la posibilidad de soñar y de aprender…

1 comentario:

  1. Hay unos comentarios sugerentes para nosotros los maestros de literatura (lectura y escritura). ¡Qué hermoso poder sentir ese encuentro con la literatura¡

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