MAESTRO, TANTAS COSAS POR CAMBIAR...
El maestro ha hecho de la lectura y la escritura un mundo que poco o nada le comunica a sus estudiantes. Es éste quien no posibilita espacios para la interacción y el encuentro de diversos saberes a través de sus emociones.
Pero ¿Cómo proyectar a otros lo que no se tiene?, el maestro esta con el afán de cumplir con sus planes de estudio, de seguir las instrucciones de la institución a la cual pertenece, cumpliendo a cabalidad con los deberes que se le asignan y quizás dejando de lado lo que es, piensa y siente como ser humano.
Por tal razón se ha hecho una máquina que trata de reproducir uniformidades donde no hay espacio para la diferencia, es así como se desconoce la subjetividad; que es lo que constituye a cada ser como único con multiplicidad de ideas y con deseos de confrontarlas para avanzar en el saber.
Ve en la lectura y en la escritura una actividad más, en la que está obligado a leer para poder calificar a sus estudiantes; actividad que carece de sentido para éste porque no le transmiten vida y él a su vez es incapaz de transmitir vida a otros, es decir, no ha vislumbrado una verdadera interpretación del mundo que le permita comprenderse a sí mismo para entrar en la comprensión de los demás.
La lectura y la escritura se constituyen en una obligación transmitida a sus estudiantes, quienes ven lo ven como una actividad cada vez más tediosa y de la que esperan salir pronto; es muy común escuchar en los espacios escolares cómo los estudiantes reclaman de sus maestros una actitud distinta frente a su aprendizaje, pero los maestros sólo dan órdenes, donde se debe pensar y repetir lo que este espera; quien piense algo diferente se sale de lo que se ha establecido en los planes que ha diseñado.
Dentro de las muchas actividades que el maestro realiza en torno a la lectura y la escritura de textos están; leer un libro para la casa, traer un resumen, presentar un trabajo escrito o responder por las características y los sucesos de x ó y personaje… con estas estrategias ¿Qué se le permite movilizar a un estudiante?
Nada. El estudiante sólo responde para el momento y esta repuesta no genera en él un aprendizaje significativo; y lo que no es significativo no hace parte de los momentos que llenan el sentido de la vida.
La escuela entonces no debe seguir siendo ese espacio donde mueren los deseos, al contrario hay que promover la vida propiciando espacios para que quien lee, pueda descubrir la belleza de cada palabra y de cómo muchas palabras forman una idea y de cómo las ideas llenan la vida de sentido.
Promover la lectura por el disfrute y el placer de sentir la armonía de las palabras permite tocar la sensibilidad a través de sus mensajes, es dar espacio para disfrutar el silencio, para sonreír con una palabra, para dormir con un libro abierto entre las manos. “Ese silencio es el garante de nuestra intimidad” (Pennac Daniel, 1993,p-20), es permitir el encuentro del lector con el texto y que pueda descubrir que le dice éste más allá de las letras.
El mundo escolar y la vida cotidiana parecen ser dos mundos muy distintos donde no hay punto de encuentro entre uno y otro. La cotidianidad de la vida acerca los estudiantes a otros tipos de lectura y escritura de los que obviamente por las razones expuestas no participa la escuela.
Finalmente el mundo de la escuela a través de la lectura y la escritura debe habitar la vida de los sujetos que la habitan para posibilitar la diversidad del pensamiento y abrir espacios para el sentimiento, ”gran gozo de lector, ese silencio después de la lectura” (Pennac, Daniel, 1993, p.8)

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